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"Nada Que Celebrar: El Desgaste Como Metáfora De La Dilución Política En México En Tres Obras De Miguel Rodríguez Sepúlveda", texto de Ariadna Ramonetti Liceaga para el catálogo Fuga y Entropía


La destrucción de un objeto no lo aniquila,

 nos enfrenta con una nueva realidad del objeto,

lo carga de un sentido que antes no tenía.

Aldo Pellegrini, 1961[1]

 

 

El trabajo de Miguel Rodríguez Sepúlveda que se aborda en este breve ensayo consiste en un elaborado ejercicio iconoclasta de transformación procesual de la materia que busca activar la memoria histórica para interrogar al presente. Mediante acciones que involucran la supresión de ciertos símbolos nacionales inscritos en objetos de valor emblemático, el artista cuestiona la manera en que la identidad, la identificación y la pertenencia, suscritas al proyecto de nación posrevolucionario, terminan por diluirse en la compleja coyuntura política que enmarcará la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de México y el Centenario de la Revolución en 2010, uno de los años más trágicos de la llamada Guerra Contra el Narcotráfico, por la cantidad de muertos[2] y desapariciones forzadas[3].

            Este ensayo busca analizar la premisa que da origen a tres obras intituladas Un kilogramo de balas de Plata Libertad (2013), Un kilogramo de polvo de ángel (2013) y Espejo de un kilogramo de Plata Libertad (2013), elaboradas con onzas de plata pura acuñadas durante las celebraciones del Bicentenario de la Independencia. Estas monedas sin valor nominal serán transformadas materialmente en objetos portadores de nuevos significados con el propósito de enunciar el desgaste institucional que ha sufrido la política mexicana en tiempos recientes. Para una comprensión amplia de estas obras es indispensable analizar la presencia de los símbolos nacionales en las monedas mexicanas, lo que estas conmemoran y develan, los materiales con las que se acuñan, pero sobre todo la coyuntura política en la que se inscriben estas obras, que coincide con la violencia deshumanizada que terminará por fortalecer el aparato represivo del Estado mexicano durante la llamada Guerra contra el Narcotráfico.

 


I

Los orígenes de la iconografía nacionalista mexicana se remontan a los movimientos independentistas criollos y los conflictos entre federalismo y centralismo, que culminarán con la instauración de la República como una forma de Estado-Nación que producirá incontables ejemplos inspirados en la tradición del liberalismo francés, pero también en la inclusión de símbolos propios que acudirán al conocido relato fundacional del pueblo mexica, presente en el Códice Mendocino de 1530, en donde un águila sobre un nopal servirá para instituir un nuevo relato nacional basado en la rememoración de las raíces prehispánicas de México. Esta hibridación cultural, presente también en las alegorías a la patria, la libertad, la nación y la victoria que poblarán los imaginarios socioemocionales de los mexicanos, será reproducida hasta el agotamiento por la pintura historicista y la escultura monumental conmemorativa de corte neoclásico, pero también por medio de la acuñación de monedas, cuya tradición prevalece hasta el día de hoy.

            Las diversas monedas que circularon durante la colonización española, iban acompañadas de escudos de armas y otros motivos alusivos a las posesiones territoriales de los Habsburgo y posteriormente de los Borbones, por lo que además de poseer valor nominal, servirán para reafirmar la ideología imperial dominante y la pertenencia del Virreinato de la Nueva España a la Corona. Desde la proclama de independencia en 1810, tanto insurgentes como realistas establecerán diversas sedes de la Casa de Moneda para poder acuñar dinero cerca de los enormes yacimientos de oro, plata y cobre en los actuales estados de Jalisco, Zacatecas, Guanajuato y San Luis Potosí que fueron explotados durante los 300 años de dominio español. Sin estos minerales procedentes del entonces Virreinato hubiera sido prácticamente imposible fundar la economía de los conquistadores en la acumulación originaria: ese excedente colonial que eventualmente permitiría la industrialización de toda Europa. “Durante los tres siglos que duró el Virreinato, México emitió cerca de 82 millones de reales en monedas de plata […] lo que sirvió para abastecer la reserva monetaria no sólo en México, sino también en Europa [y] China”[4].

            Las últimas monedas de plata acuñadas previo a la proclamación de independencia de 1810 fueron deliberadamente intervenidas por las tropas insurgentes que colocaron siglas, marcas, contramarcas y resellos para revalidar las monedas fuera de circulación o legalizar las que su cuño ya no correspondía a las causas de la lucha independentista. Estas incisiones en el metal buscaban dotar de nuevos imaginarios, significaciones y, sobre todo, valor a las monedas mexicanas. Las acciones de desgaste que llevará a cabo Rodríguez Sepúlveda, y que se analizarán más adelante, operan precisamente en un contrasentido histórico al de estas monedas decimonónicas: el de revocar y extinguir aquellos imaginarios que supuestamente buscan reivindicar la memoria frente a la realidad de una nación dislocada, inmersa en una profunda crisis de gobernabilidad, conflictos armados y miseria, promovida por gobiernos y cárteles durante la doble celebración del Centenario y Bicentenario de la Independencia y la Revolución, respectivamente.

 


II

Las monedas conmemorativas aparecerán por primera vez en la historia de México durante los festejos del Centenario de la Independencia. “La acuñación se inició en 1910 y es la primera moneda conmemorativa de la casa [de moneda] de México. […] Para celebrar el centenario de la consumación de la Independencia se decretó el 14 de septiembre de 1921 la emisión de monedas de oro de cincuenta pesos llamadas centenarios. […] El anverso no difiere de las piezas en circulación; el reverso ostenta la figura alada de la victoria (copia del ángel de la columna de la Independencia que se erige sobre el paseo de la Reforma, en la ciudad de México) […] Como fondo, la silueta de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl”[5].

            Las onzas conocidas como Libertad comenzarán a acuñarse a finales de la década de 1940. “La Casa de Moneda de México acuñó la primera onza troy de plata, que es una moneda sin valor nominal, pero con curso legal[6] hecha en plata de ley 0.999[7], también conocida como ‘Onza Libertad’. En 1981 se fijó como anverso común el escudo nacional. En el reverso presenta el mismo diseño del Centenario, una victoria alada representada en el monumento del Ángel de la Independencia […]”[8]. La materia prima con que están hechas estas onzas conmemorativas es plata extraída de minas mexicanas y certificada en formato de lingotes por la London Bullion Market Association como Good Delivery[9] para eventualmente fundirlos y transformarlos en monedas de plata pura. A partir del 2002 el Banco de México pondrá a la venta una edición de onzas llamada Nueva Serie Libertad de diversas denominaciones (desde 1, 2 y 5 onzas hasta 1 kg de peso) que en el anverso contienen un conjunto de 11 escudos nacionales: desde el águila que aparece en el Códice Mendocino, pasando por el águila de la república hasta el escudo actual con la leyenda ‘Estados Unidos Mexicanos’”[10].

 


III

Las formas idealizadas de mujeres que fungen como alegorías de la nación, la victoria o la patria, serán ensayadas como vías de identificación secular durante el México independiente en concomitancia con la imaginería liberal que establecerá un régimen de representación durante finales del siglo XVIII en Europa. “En estas alegorías los cuerpos femeninos aparecen enteros, nunca fraccionados, con la cabeza alta y una postura vertical y digna que transmite la idea de entereza. Las carnes firmes remiten a la naturaleza controlada, sin mácula, y el escenario y la ropa que muestran tienen elementos míticos incorporados a lo patriótico”[11].

            La alegoría a la victoria que aparece grabada en el reverso de las onzas de la serie Libertad estará inspirada en otras representaciones escultóricas de la Niké o Victoria alada que datan de la antigüedad grecolatina. Este cuerpo feminizado, con alas, que porta una corona de laurel, exaltará el triunfo del criollismo independentista sobre la sociedad estamental del Virreinato. Detrás de ella observamos la orografía representativa del Valle de México y otros elementos procedentes de la misma retórica nacionalista que buscará afirmar el lugar en donde ocurrió la mítica epifanía fundacional mexica: los humedales de Chalco y Texcoco, los cuales han sido desecados durante 500 años en un tortuoso proceso de combate a los afluentes que rodeaban al antiguo islote de Tenochtitlán. Este paisaje, que ya no corresponde a la realidad de la Cuenca de México, enmarca la imposibilidad de mirar al pasado, porque ese México se ha esfumado y diluido. Prevalece solamente en las retóricas nacionalistas que se nos imponen para conmemorar lo que hemos destruido en beneficio del progreso. Y es precisamente ese imaginario de erosiones y borraduras el que a Rodríguez Sepúlveda le interesa destacar en sus obras basadas en la Nueva Serie Libertad.

 


IV

Hasta el momento hemos enunciado el conjunto de elementos iconográficos de eminente carácter nacionalista contenidos tanto en el anverso como en el reverso de las onzas de la serie Libertad, los cuales serán sometidos por Miguel Rodríguez Sepúlveda a diversas operaciones de desmontaje simbólico e iconoclasta por medio de la transformación material, resultando en tres nuevos objetos que se inscriben en el campo del arte: Un kilogramo de balas de Plata Libertad, Un kilogramo de polvo de ángel y Espejo de un kilogramo de Plata Libertad.

            Los tres comparten características comunes: están realizados con 1 kg de plata pura y son resultado de un proceso de reconversión de la materia que deviene en nuevos significados, en donde aquellos símbolos de identidad e identificación nacionalistas no se anulan o borran completamente, sino que se acumulan en un proceso de desdoblamiento de la forma, en donde los objetos resultantes contribuirán a evocar la memoria sobre la historia reciente de México para señalar aspectos complejos de la relación concomitante entre el trasiego de drogas y armas en México durante el mandato del expresidente Felipe Calderón Hinojosa.

            La primera de ellas, Un kilogramo de balas de Plata Libertad, es un conjunto de ojivas de balas calibre 7.62 mm usadas en el fusil de asalto AK-47, conocido popularmente en México como “cuerno de chivo”, el cual forma parte de toda una economía basada en el intercambio y compra-venta de armas y drogas, de la cual el conocido operativo “Rápido y Furioso”[12] da cuenta clara. La cantidad de personas fallecidas de manera violenta durante 2010, el año de las conmemoraciones del Bicentenario ascendió a 15,273.[13] No había nada que celebrar ya que fue el año más violento del sexenio de Felipe Calderón.

            La segunda de las piezas, Un kilogramo de polvo de ángel, es 1 kg de polvo de plata dentro de una caja de acrílico, colocado en el mismo estuche diseñado por el Banco de México para preservar las onzas Plata Libertad de 1 kg. La obra alude, por una parte, al nombre de una droga conocida como Polvo de Ángel hecha a base de fenciclidina, un anestésico que se comercializa ilegalmente en forma de polvo o tabletas, principalmente en Estados Unidos[14]; pero también refiere a la dilución de la imagen de esa victoria alada que llamamos coloquialmente Ángel de la Independencia y que aparece en el anverso de las onzas de la serie Libertad; aquella alegoría triunfalista que terminará hecha polvo en el suelo de ese “teatro de operaciones bélicas” al que el fallecido escritor Sergio González Rodríguez define como un Campo de Guerra: una categoría geopolítica para describir también a un México de instituciones fallidas, muertos y erosiones, atravesado por conflictos armados y destruido en su tejido social[15].

            Finalmente, la obra Espejo de un kilogramo de Plata Libertad es lo que su título describe claramente: un espejo pulido de plata, tallado en el anverso de una onza Plata Libertad, el cual sustituye al Ángel de la Independencia. Allí nos miramos, como aquel Narciso que busca encontrar su reflejo en el estanque, pero lo que halla Narciso no es a sí mismo, es al Ángel de la Historia que ni siquiera tiene rostro para mirar al pasado porque ha sido sustituido por un reflejo distorsionado, en donde la catástrofe y la ruina ya no están a sus pies, sino frente a nuestros propios ojos. “Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el Paraíso sopla un huracán que se enreda en sus alas, y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual da la espalda, mientras los escombros se elevan ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso”[16].

            Ese huracán es lo que nosotros, en México, llamamos Guerra contra el Narcotráfico.



[1] Pellegrini, Aldo. “Fundamentos de una estética de la Destrucción.” En: Arte destructivo: Barilari, Kemble, López Anaya, Roiger, Seguí, Torrás, Wells. Buenos Aires: Galería Lirolay, 1961.

[2] El País, 12/01/11.

15,273 muertos según el diario español. Consultado el 16/04/23 en https://elpais.com/internacional/2011/01/12/actualidad/1294786820_850215.html

[3] Expansión, 12/21/12.

6,766 desaparecidos según la revista Expansión. Consultado el 16/04/23 en https://expansion.mx/nacional/2012/12/21/las-desapariciones-en-mexico-se-triplicaron-de-2009-a-2010-segun-informe

[4] Clausell, María Amparo. Historia de la plata mexicana, AAPAUNAM, Academia, Ciencia y Cultura. vol. II núm. 1 enero-marzo 2010, p. 28.

[5] Sobrino, José Manuel. La moneda mexicana y su historia. México, Banco de México, 1989, p. 108 y 111.

[6] Curso legal significa que puede ser usada como cambio válido si se toma para su cotización el valor de su peso en plata. Tomado de https://onzas.de/plata/mexico/libertad/

[7] 999 milésimas de plata por cada mil partes, en donde solamente una milésima es una aleación de otro metal.

[8] Clausell, María Amparo. Historia de la plata mexicana, AAPAUNAM, Academia, Ciencia y Cultura. vol. II núm. 1 enero-marzo 2010, p. 29.

[9] IBMA.

Good Delivery es una certificación para indicar que los metales preciosos, en este caso la plata mexicana de ley .999, cumplen con los estándares de calidad aceptados por la Asociación, basados en el peso, la pureza y la apariencia física, entre otros detalles. Tomado de https://www.lbma.org.uk/good-delivery/about-good-delivery

[11] Tuñón, Julia. Cuerpos femeninos, cuerpos de patria. Los iconos de la nación en México: apuntes para un debate. En: Historias núm. 65 (diciembre), 2006, p. 49.

[12] Aristegui Noticias, 20/06/12.

“La operación denominada ‘Rápido y Furioso’ fue iniciada por la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por sus siglas en inglés) de los Estados Unidos, para vender armas a presuntos criminales y dejarlas pasar hacia la frontera mexicana con el objetivo de poderlas rastrear y darles seguimiento, esperando identificar a los responsables del tráfico de armas que posteriormente van a dar a manos de narcotraficantes”. Consultado el 16/04/23 en https://aristeguinoticias.com/2006/mexico/rapido-y-furioso-la-cronologia-del-escandalo/

[14] National Drug Intelligence Service.

“Datos de la National Household Survey on Drug Abuse (Encuesta Nacional de los Hogares acerca del Abuso de Drogas) indican que unos seis millones de residentes de los Estados Unidos de 12 años de edad o más usaron PCP al menos una vez en la vida”. https://www.justice.gov/archive/ndic/spanish/13441/index.htm#Qu%C3%A9 

[15] González Rodríguez, Sergio. Campo de guerra. México, Anagrama, 2015.

[16] Benjamin, Walter. Tesis sobre la filosofía de la historia. Tesis IX, 1940. https://rucrespo.wordpress.com/2013/12/26/el-angel-de-la-historia-de-walter-benjamin/



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