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"La Gestión Del Colapso O Una Pulsión Obsesiva", entrevista de Mariana Mañón Sepúlveda a Miguel Rodríguez Sepúlveda para el catálogo Fuga y Entropía


Fuga y entropía es la primera muestra individual que reúne una revisión de tu obra de manera extensa. Es sin duda un momento que te permite reencontrarte con distintas etapas de tu trabajo y observarlas con una visión crítica. Desenterrar de la memoria y volver a pensar en obras que ya habían quedado en el pasado, junto con los procesos que les dieron forma, es un ejercicio que invita a preguntarse nuevas cosas con relación a cómo fue y cómo es tu producción el día de hoy. Por esta razón, te propongo una serie de preguntas para que reconstruyamos juntos el camino que has recorrido hasta el momento y que hoy se sintetiza en Fuga y entropía, una exhibición pensada para el MARCO de Monterrey.

 

MMS: A partir de la revisión que hemos hecho de tu trabajo para la exhibición Fuga y entropía en el MARCO, ¿cómo se reflejan tu trayectoria y formación en los temas y metodologías que utilizas para construir tu lenguaje artístico actual?

MRS: Empecemos por contar sobre mi formación y preparación preuniversitaria que fue de físico matemático, después entré a la universidad a estudiar ingeniería en electrónica y comunicaciones. Al mismo tiempo abrió MARCO en Monterrey, y tras este evento me empiezo a relacionar con la efervescencia de la escena artística. Mis primeros acercamientos al arte surgen de visitar el museo, considero que ahí inicia mi deseo por buscar otras carreras más afines a lo que yo veía que se presentaba en los espacios de arte. Busqué una carrera en arquitectura, la cual quedó trunca, hice una carrera técnica en fotografía, me metí a la escuela de psicología donde solo estuve un año y después busqué suerte en la escuela de artes plásticas, y ahí encuentro que no me gusta (la escuela).

Es en este contexto en el que veía suceder muchas cosas que me llamaban la atención del mundo del arte, donde voy y vengo por diferentes esquemas formativos, y me encuentro seducido por producir arte, sobre todo fotografía. También es la época donde se origina la fórmula mixta de comprender todo bajo un velo doble, desde las ciencias exactas y las ciencias sociales, y se abre en mí una visión pragmática cuantitativa ampliada, en combinación con otros análisis cualitativos. Con ese abanico de herramientas fui entretejiendo una visión pluriangular.

Por ese ecléctico recorrido es que surge una suerte de planteamiento estético en mi práctica artística, sabiendo que traía cargando elementos de otros ángulos que me daban una visión particular a cada contexto que me acercaba. De ahí que mi trabajo se valga de diferentes recursos: fotografía, acciones, escultura, pero cada uno lo correspondo con una forma para investigar y abordar un proyecto en un contexto determinado.

Definitivamente, en este recorrido puedo pensar en un momento formativo muy importante en mi carrera, que fue fundar el colectivo Jaiba Encabronada junto a Damián Ontiveros. Se transformó no solo en una colaboración, sino que fue un proyecto cultural que tenía su espacio en Departamento 3 y la galería Vilma Madero, apodada la Maicdriguera, donde albergamos varias exposiciones con mucha dignidad y pocos recursos; básicamente mostrábamos la producción de nuestros amigos. Fue una época en la que había muchos colectivos que, a mi parecer, respondían a la visión de que íbamos a hacer mucho más trabajando juntos que por separado. Estaban el Tercerunquinto, marcelaygina, Los Lichis, en fin. Esa era concluyó para mí porque me representaba mucho tiempo y trabajo de gestión y decidí dedicarle ese tiempo a mi producción personal. Puedo reconocer que hay muchos intereses que trabajamos en la Jaiba Encabronada que hoy continúan latentes en mi obra, sobre todo los temas de la frontera.

Pienso que mi percepción de las cosas se empezó a formar impulsada por la efervescencia del arte en el Monterrey de 1991. Ya dijimos: MARCO acababa de inaugurar, el museo de Monterrey era la sede de la Bienal, un poquito más adelante se inaugura el Centro de las Artes en Fundidora, también estaba Julio Galán por las calles y los bares; había mucho movimiento.

Pero creo que debo contarte del lugar en donde crecí para entender el antecedente hacia cómo Monterrey fungió como una puerta de acceso a algo que yo desconocía por completo. Yo soy de Cerro Azul, Veracruz, un pueblo petrolero muy joven, apenas en 1967 se declaró cabecera municipal y empezó a formarse en 1916, cuando encuentran el pozo Cerro Azul número 4. Un pozo con muchísimo petróleo, considerado uno de los más importantes del mundo. Antes de eso, Cerro Azul era nada, era un monte. El pueblo se forma a partir de controlar y explotar el petróleo y eso le da el carácter de ser un espacio completamente utilitario, no había ningún desarrollo cultural ni artístico local, lo más parecido que encontrabas era la cancha de basquetbol, donde se hacían las fiestas de quince años. A cierta edad y guiado por mi interés en la ingeniería, migro a Monterrey para estudiar. Y es cuando llego acá (a Monterrey) que descubro estas otras opciones y entro en contacto con referencias muy diferentes a las que estaba acostumbrado.

 

MMS: En tu obra son importantes las nociones de fronteras e identidad, empezando por tus propios desplazamientos territoriales. ¿Cómo se explican estos términos en tu reconstrucción biográfica y qué importancia tienen para tu producción artística? ¿En qué medida regresar a Monterrey te ha permitido tomar distancia y ganar perspectiva sobre tu trabajo, siendo esta ciudad el lugar donde te formaste y en la que no habías vivido hace tiempo? Y cuéntanos un poco sobre tu formación como artista. ¿Cuáles han sido tus influencias y los motores de inspiración en tu carrera?

MRS: Sí, desde el pueblo donde crecí, que fue Cerro Azul, el tema migrante estuvo muy presente. Al ser un pueblo inventado, todos los que vivimos ahí teníamos nuestro origen en algún otro lugar. Mi papá fue primera o segunda generación en el pueblo. Este contexto es la primera programación que tengo sobre el movimiento de personas dentro del país. Además, Cerro Azul quedaba cerca de la carretera, recuerdo que por ahí de los años ochenta veía pasar a los migrantes, una población flotante de centroamericanos y mexicanos, que llegaban con camionetas llenas de chucherías para vender. Eso me hizo entender el arraigo de una forma muy particular. Entendí la posibilidad de siempre poder cambiar de lugar. He ido de Cerro Azul a Monterrey, de Monterrey a Salamanca y de ahí migré a la Ciudad de México, en donde me quedé 18 años y me emparenté con Fernanda. Ella es colombiana, por lo que en esta ciudad mi círculo cercano y afectivo era uno que tocaba siempre el tema migratorio. Considero que de ahí parte el interés por estos procesos, yo soy migrante interno del país, pues nunca he vivido fuera de México. Mi curiosidad por las identidades y los símbolos que las representan está cargada de querer explorar esas referencias y cómo se genera la autopercepción de pertenencia a un espacio, a una cultura o a otra. Ya aterrizando en el hacer artístico, siento que mantengo una distancia frente a mi lugar de arraigo para reflexionar por qué o qué implican estas identidades con las que cada uno se va posicionando. Todos los lugares a donde he ido me han formado de alguna manera, pero de ninguno soy un molde exacto o estereotípico. Tener ese desarraigo alimentaba mis ganas de querer ver los fenómenos desde múltiples ángulos.

Mi regreso a Monterrey… más que hablar de tomar una distancia, lo que sucede es que tomé consciencia de esa distancia que se ha ido generando entre mis intereses y estrategias, y de reencontrarme o retomar piezas que dejé en pausa, sobre todo fotográficas, en la época en la que me fui. Pensaba mucho sobre qué era lo fotográfico para mí. Ahora que regreso a Monterrey, el contexto del encierro por la pandemia y la exposición me han dado la posibilidad de hacerme consciente de que ya pasaron 26 años de trayectoria. Muchos intereses han mutado en este tiempo, sobre todo pensando en que a lo largo del recorrido me he ido nutriendo de muchas referencias.

Me han conmovido o interesado, o simplemente volado la cabeza, desde Los girasoles de Van Gogh hasta piezas de Francis Alÿs, como Historia de una decepción. Félix Gonzáles Torres, con Amantes perfectos, de quien hago un remake de los relojes en forma de cigarrillos que titulo Sin título, también en homenaje, y las montañas de dulces que hoy tomo como referencia para generar mi desbordamiento de palomitas. Chris Burden clavándose a un vocho; John Baldessari y su lápiz, el cual también cito en una pieza; Bruce Nauman. De Gordon Matta-Clark aprendí esos gestos tan dramáticos de hacer ranuras para develar las formas que sostienen las estructuras; las Almohadas de Durero son imágenes que siempre tengo en la cabeza. Seguí mucho la obra de León Ferrari, a quien vi en Buenos Aires cuando hacía sus piezas críticas a la Iglesia, provocando una ola de apoyo por parte de la población, que hacía pintas callejeras que decían “León, eres un tigre”, y generaba sus famosas imágenes religiosas, todas llenas de mierda de pájaro. Estas acciones me acercaron a los gestos iconoclastas que hoy son parte fundamental de mi trabajo.

Miguel Ángel me enseñó a pensar en lo escultórico desde una perspectiva de negativos, él decía que las piedras ya contenían la pieza y solo quitaba lo que sobraba. En mi obra, esta referencia la podemos encontrar, sobre todo, en las series que hablan sobre el proyecto de nación, como 200 espejos de Plata Libertad. Las monedas troqueladas, el diccionario de Lengua y mucho de mi acercamiento al arte contemporáneo se basa en esa idea.

Hay otra referencia en el título de los dibujos hechos con cenizas de los cuerpos de Cali, Colombia: La irresistible persistencia de la memoria, está inspirado en la novela de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser, y en la pintura de los relojes de Dalí, La persistencia de la memoria. Pero creo que una, en particular, que ha marcado y dado forma a mis estrategias, es una referencia literaria: Frankenstein de Mary Shelley. La forma tan poco velada de lo que nos quiere contar, hace que nos conectemos con la historia a niveles muy profundos, en los que te permite relacionarte con tu propio dolor y felicidad. Esa característica permite que siga siendo un clásico, es relevante para cualquier generación. De ahí tomo la enseñanza de siempre preguntarme si los temas que trato dentro de mis obras hablan en un lenguaje compartido, algo común, o si solo hacen referencia a mi experiencia personal.

 

MMS: Tu obra parte de una serie de conceptos que pertenecen a otros campos de conocimiento como la física, la filosofía, la economía. Es más, el título de la exhibición toma un concepto de ellos, la entropía, como eje conductor de la muestra. ¿Cómo te posicionas desde el arte frente a estos campos? ¿Y qué otros conceptos que no son protagonistas en esta muestra te parecen relevantes dentro de tu obra?

El arte es el área que me permite abrir las aristas necesarias para entender y hacer reconocimiento con la realidad y los contextos por los que me pregunto. Aunque, cuando llego a esos lugares de duda para emprender cualquier proyecto o investigación, lo hago sobre una estructura multidisciplinar, que es la formación plural que acarreo a todas partes. En este sentido, estas disciplinas me ayudan a generar estrategias y lenguajes para dar sentido a lo que estoy buscando. El arte me es el lugar más personal desde el cual me puedo permitir llegar a ciertas conclusiones, siendo el arte mismo un lenguaje que existe para ser compartido, pues no me interesa llegar solo a una respuesta, sino poder proponerla como una discusión más amplia en la esfera pública.

MRS: Sobre otras áreas, de entrada, la música fue la primera área del arte que me interesó, pero nunca tuve la disciplina para poder aprender y desarrollar la habilidad de tocar un instrumento, eso se quedó en mis sueños de adolescente. Este gusto y amor por lo sonoro apareció después en mi propia práctica sin necesidad de autodenominarme músico. De ahí que tomo muchos conceptos y nociones musicales, como las piezas de Preludio, Adagio, Un concierto para tres machetes; hice mi propio instrumento… Inclusive, el título de la exhibición retoma una de estas formas que es la fuga, que habla de una repetición y las múltiples formas que puede tomar como leitmotiv, que se persiguen entre sí, produciendo una reverberación, en este caso, conceptual. Fue así como se formaron las lecturas e investigaciones de esta exhibición.

Otro de mis intereses viene de mi paso por la facultad de psicología donde me acerco a explorar temas que hoy siguen siendo para mí una referencia, como el diccionario de microgestos de Paul Ekman, en donde los constructos personales se reflejan en los cuerpos y sus dinámicas. Otra área muy clara siempre fue la fotografía y lo fotográfico. Dónde está, qué es, para qué; más allá de un producto artístico me interesa como documento de la memoria. La foto es mi punto de partida como artista, y desde entonces me pregunto sobre su capacidad de reflejar y ser una herramienta interpretativa de los contextos que retrata, a la vez que puede dar una nueva forma a esa realidad, generando archivos que le dan una lectura particular a cualquier contexto.

 

MMS: Cuéntanos un poco sobre tu metodología de trabajo. ¿Cómo concibes el uso del tiempo y la repetición o serialidad en la construcción de tu obra plástica? ¿Qué otras estrategias metodológicas son transversales a toda tu creación?

MRS: Te decía que la repetición es una búsqueda de sentido, muchas de las obras parten de reconocer que hay algo en el contexto, ya sea social, del entorno, personal, afectivo, familiar, que no termino de comprender. Las estrategias que revelan una suerte de obsesión por darle respuesta a eso que me pregunto. También hay en ellos un paralelismo con el método científico, donde se desarrolla un postulado, diseñas el experimento, lo ejecutas hasta que tengas una cantidad de información que te permita hacer análisis y de ahí sacar alguna conclusión. Ahí se deja ver mi formación en ingeniería. Me recuerda a la canción de Soda Stereo, Trátame suavemente, que dice: “Y esta inconstancia no es algo heroico, es más bien algo enfermo”. Es una pulsión obsesiva que no es planeada, pero es de donde sale la reflexión que sustraigo de las variaciones que me encuentro en el acto de repetir una y otra vez una acción.

 

MMS: lo largo de tu carrera hay temas recurrentes como los imaginarios colectivos, la identidad, la violencia. ¿Qué tanto permites que el contexto político o histórico actual influya en tu obra y cómo integras o excluyes nuevos temas que pueden, de pronto, cobrar relevancia en tu trabajo?

MRS: Las investigaciones surgen al no poder entender ciertos fenómenos en contextos específicos. Ahí inicia la búsqueda de la información faltante, para poder comprender lo que me desconcierta o incomoda. Es ahí donde entro en estas dinámicas o metodologías repetitivas, analizando y buscando que el experimento implementado dé como resultado alguna respuesta, abriendo diferentes aristas que me permiten acercarme a los contextos que rodean el fenómeno en duda. Lo saciable de un proyecto ocurre cuando encuentro algún sentido de aquello que me estaba preguntando, aunque mientras siga la duda y la información faltante no aparezca, la repetición se perpetúa. De ahí que mucho de mi trabajo se repita en series sin fin aparente.

Las dinámicas de inclusión o exclusión de temas tienen que ver con el contexto en el que estoy y, sobre todo, de la información de la que me rodeo en cada uno. Mi radar está siempre cambiando de plataforma, pueden ser noticias que esté siguiendo o fenómenos que veo suceder en el ámbito público, libros que esté leyendo, bueno, es decir, los temas que me tocan en la vida cotidiana, a manera de esponja con los poros bien abiertos, voy eligiendo aquellas cosas que me van provocando mayor duda o incomodidad, que son los temas que van cobrando relevancia en mi trabajo.

 

MMS: La destrucción, el desvanecimiento, la deformación, la subversión y la manipulación son actos o acciones que usas en tus obras y conllevan cierto grado de violencia. ¿Cómo te sirven estas acciones en la construcción de una postura crítica ante los temas que abordas en tu trabajo?

MRS: Sobre mi postura ante las acciones iconoclastas debo decir que tengo un gusto muy particular por el humor negro. Encuentro en la destrucción un producto residual muy constructivo. Para poder hacer un omelette hay que romper algunos huevos. Creo que para cambiar el statu quo se requiere un proceso de transformación que va a ser violento. En ese sentido y reflexionando sobre los mecanismos que se reflejan en mi obra, la exposición me ha ayudado a entender que la destrucción siempre es reveladora de una verdad oculta bajo la forma original de las cosas, los símbolos y sus significados. La pieza de Lengua es en este sentido una punta de cuña en mi producción, pues es con ella que para mí se abre esta vertiente de la investigación.

Empieza con la historia de Miguel Ángel con La piedra de Duccio, que cuando se la asignan y la trabaja, crea la escultura de El David, que es muy alabada, y él explica su creación diciendo que El David siempre había estado ahí, adentro de la piedra, que él lo único que había hecho era quitar lo que sobraba para dejar que esa forma saliera y fuera visible para todos. Esta explicación de cómo se develan las formas de una obra me interesa mucho. Las piezas dentro de mi obra que se relacionan con el desvanecimiento, la quema, la destrucción, la transformación, el desgaste de las cosas, les dan una nueva lectura a los objetos desde el contexto en el que estamos. En el desgaste es posible reinterpretar los significados que estaban dados por hecho, es en esa reformulación del objeto que pueden emerger otras lecturas. Desde Lengua, puedo decir, me apropio de esta fórmula para buscar entender los paradigmas identitarios que nos representan, interviniendo sus símbolos y objeto que soportan esos significados, como iconos culturales, los machetes, el dinero. Tengo un gusto por querer romper todo, y a partir de los pedazos reconstruir la realidad desde otras posibilidades en una suerte de gestión del colapso.


 

 

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