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Afilar hasta el absurdo: desgaste, símbolo y futuros colectivos en la obra de Miguel Rodríguez Sepúlveda

25 sept
8 min de lectura

Actualizado: 27 sept

Esta entrevista empezó como un experimento.


Hace unos meses le pedí a una inteligencia artificial que buscara en la web información sobre mi trabajo (supongo que lo primero que hizo fue encontrar la sección de textos sobre la obra en mi página web) y que, a partir de ahí, me hiciera una serie de preguntas a manera de entrevista sobre la serie de obras que estaba mostrando en ese momento en un museo.


Su primera pregunta me tomó por sorpresa. Tocaba algo que yo creía tener bastante claro y, de pronto, dudé. Me hizo detenerme. Con las siguientes pasó algo parecido, y así fue apareciendo esta conversación.


Las preguntas las hizo la IA. Las respuestas son mías, aunque confieso que sí limpió los vicios y muletillas que tengo al hablar (más teniendo en cuenta que me hizo dudar varias veces).


Me gusta pensar que quien pregunta aquí no existe del todo. Es una especie de entrevistador inventado, construido para esta conversación. Por ahora no tiene nombre. Espero pensar en uno bueno y que tal vez vuelva.

MRS + IA


Concierto Para Tres Machetes, 2011, acción sonora en Exteresa Arte Actual, CDMX
Concierto Para Tres Machetes, 2011, acción sonora en Exteresa Arte Actual, CDMX

Afilar hasta el absurdo: desgaste, símbolo y futuros colectivos en la obra de Miguel Rodríguez Sepúlveda


En 2011, Miguel Rodríguez Sepúlveda realizó Concierto para Tres Machetes en Ex Teresa Arte Actual en Ciudad de México. La acción, que consistía en tres personas desbastando machetes con afiladoras eléctricas, convirtió un gesto asociado a la preparación (afilar) en su inversión: afilar hasta anular el uso. La experiencia dejó un doble rastro: por un lado, el residuo material y la transformación visible de las hojas; por otro, un campo sonoro insistente que acompaña la obra como evidencia de fricción y desgaste.


En una nota publicada en La Jornada, Arturo Jiménez describió con precisión el despliegue del proyecto en su dimensión expositiva: la videoinstalación a tres canales que registra el esmerilado, la presentación de los machetes ya deteriorados, y una escultura sonora con decenas de machetes suspendidos, activados por una corriente de aire. Retomo aquí ese marco como contexto factual del proyecto. A su vez, Bárbara Perea, en su texto de 2011, subrayó la manera en que la obra pone en juego el desgaste como procedimiento más allá que solo como efecto, y sugirió leer el performance como una operación en la que la insistencia sobre la materia deja al descubierto algo del agotamiento colectivo. En un registro distinto, Amanda de la Garza propuso una lectura donde el trabajo opera a la vez en el objeto y en el símbolo: el acto físico sobre la superficie va más allá de la metáfora decorativa llegando a una tensión material que vuelve incómodo el imaginario histórico que el machete convoca.


Esa constelación de lecturas -periodística, crítica, curatorial- ayuda a situar una práctica que interroga cómo ciertos emblemas se desgastan cuando se les exige más de lo que pueden sostener. En esa línea, Plinio Ávila conectó este proyecto con otras investigaciones del artista sobre transformación de materia e imaginarios nacionales, señalando cómo la insistencia sobre objetos cargados de representación (moneda, machete) puede convertirse en un modo de lectura del presente. E Irving Domínguez, desde una perspectiva histórica y antropológica, expandió el campo del machete hacia sus usos rituales y su dimensión sonora, proponiendo que la vibración del metal activa memorias y tensiones que no se agotan en lo visual.


La entrevista que sigue parte de una conversación con el artista y se edita incorporando ese contexto crítico de manera explícita y acreditada, para que el diálogo quede claro: aquí no se “toman” ideas sin nombre; se conversa con ellas, se desplazan, se discuten y se reescriben a la luz de la voz del propio Rodríguez Sepúlveda.


Concierto Para Tres Machetes, 2011, Ex Teresa Arte Actual, CDMX
Concierto Para Tres Machetes, 2011, Ex Teresa Arte Actual, CDMX

Entrevista


—En tu serie de machetes, varias lecturas han insistido en que el desgaste no es un accidente, sino un método. Bárbara Perea, por ejemplo, enfatiza el desgaste como procedimiento; Amanda de la Garza, por su parte, lo ha pensado como una tensión entre lo que el objeto es y lo que el símbolo representa. Partiendo de ese marco: en Una historia de machetes, el machete termina siendo inútil. ¿Qué te interesa de ese tránsito de herramienta (y emblema) a objeto sin función?


Miguel Rodríguez Sepúlveda: Ese desgaste se relaciona, para mí, con procesos sociales: con un cansancio colectivo. En el machete se vuelve visible algo que, de otra forma, queda más difuso: el agotamiento. El desgaste y la transformación son temas a los que regreso constantemente. Los uso como un lente para mirar fenómenos que están alrededor mío y que me llaman la atención. A veces ocurre porque no entiendo del todo ese fenómeno, porque me faltan datos, porque no encuentro información suficiente o porque esa información simplemente no existe. Entonces me interesa ver qué aparece cuando algo se va consumiendo: qué se deja ver en ese proceso.


—¿Cuándo dirías que ese “lente” se vuelve consciente en tu práctica? ¿Dónde ubicas el origen de esta idea de quitar capas para ver qué emerge?


MRS: Hay una obra que para mí funciona como un punto de inflexión: Lengua. Es un diccionario intervenido; yo lo “corregí” borrando con liquid paper palabras que, según mi percepción, no dialogaban con mi noción de cuerpo. Me tomó mucho tiempo. Y ahí aparece una imagen que me acompaña desde entonces: esa idea casi mítica de Miguel Ángel diciendo que la figura ya estaba contenida en la piedra y que su trabajo consistía en retirar lo sobrante.


Esa lógica me interesa: que el sentido no siempre aparece por acumulación, sino por sustracción. El desgaste, entendido así, es mucho más solo pérdida. Es un modo de revelar. Con los años, ese procedimiento me permitió acercarme a objetos y signos cargados de historia, como el machete o el dinero, para analizar lo qué ocurre cuando se les exige demasiado: cuándo dejan de funcionar como emblemas y empiezan a mostrar grietas.


—En la reseña de La Jornada, Arturo Jiménez enfatiza un aspecto clave del performance: no solo el afilado, sino la estructura de “partitura” que organiza la acción y su inscripción en un contexto público de símbolos nacionales. Sin entrar en la cita literal, me interesa preguntarte: ¿qué pasa cuando un símbolo se somete a una insistencia que lo lleva al límite?


MRS: Se ponen en juego la materia y la narrativa al mismo tiempo. El símbolo se vuelve cómodo cuando nadie lo toca: opera casi como costumbre. Pero cuando lo empujas, cuando lo fuerzas, deja de ser un acuerdo estable y empieza a mostrar contradicciones. Ahí me interesa estar para abrir y expandir significados.


—Amanda de la Garza sugiere que, al actuar sobre el machete, además de registrar un “antes y después”, se hace visible una fricción entre utilidad, representación e historia. Y Perea, desde otro ángulo, apunta que la insistencia puede volverse un comentario sobre desgaste social. En ese cruce, Concierto para Tres Machetes parece prolongar un gesto “preparatorio” (afilar) hasta volverlo absurdo. ¿Qué te aporta esa paradoja?


MRS: Que deja un resto. Un resto material, claro: el objeto transformado. Pero también un resto mental: algo que obliga a repensar lo que se asumía como natural. Cuando un objeto pierde su función por exceso de insistencia, queda expuesto su mecanismo. Y ese mecanismo se puede leer socialmente: repetición, desgaste, preparación permanente, expectativa… incluso la sensación de estar siempre a punto de algo que no termina de ocurrir.


Del objeto al territorio: el desgaste como investigación


—Si el desgaste es un método para leer el presente, ¿qué estás intentando mirar ahora con ese método? ¿Qué fenómeno te resulta ineludible?


MRS: Hay muchos fenómenos contemporáneos que merecen análisis cuidadoso desde mi manera de trabajar observando lo que el desgaste deja ver. Ahora estoy enfocado en un proyecto sobre el petróleo, específicamente, la historia del petróleo en Cerro Azul, Veracruz, donde crecí. Nací en Tampico, Tamaulipas, pero mi vida se formó en Cerro Azul, un pueblo marcado por la industria petrolera. El pozo Cerro Azul número 4 fue un productor enorme; generó riqueza para el país y para la industria.

Ahora me interesa revisar qué dejó esa historia: el descubrimiento, el auge, la decadencia. Cómo afectó la vida cotidiana, cómo modificó relaciones y dinámicas sociales, qué permanece como huella. Todavía estoy definiendo qué elementos se “desgastarán” o cómo se resolverá materialmente, pero el eje está ahí: entender qué se vuelve visible cuando una industria se agota y cuando el relato de prosperidad ya no coincide con la realidad del lugar.

Y hay algo que me parece crucial: el contraste entre lo que ese pueblo aportó y lo que hoy es. Cerro Azul ha contribuido muchísimo y, aun así, sigue siendo un sitio con carencias profundas.


—En tu proyecto de machetes hay un componente sonoro decisivo. Aquí vale la pena anotar que Irving Domínguez, en su texto, amplía la lectura del machete hacia una dimensión histórica donde el metal también “suena” en contextos rituales y coreográficos. Retomando esa línea sin apropiarnos de su formulación: ¿qué te permite el sonido en este tipo de trabajos que no te permite la imagen?


MRS: El sonido tiene una forma distinta de ocupar el cuerpo. No se queda en la superficie; atraviesa. Puede insistir, incomodar, permanecer. A veces esa insistencia es importante porque vuelve perceptible lo que la costumbre normaliza: cosas que están ahí, pero que ya no se miran.


Imaginación como práctica: del diagnóstico al porvenir


—Volviendo al proyecto del petróleo: ¿cómo imaginas que esa investigación pueda abrir algo más que un diagnóstico? ¿Qué tipo de posibilidad te interesa activar?


MRS: Me gusta pensar el arte de manera amplia, como sucede con la ciencia ficción en literatura: como un espacio para ensayar escenarios. Y no me refiero solo a las artes visuales. Pienso en literatura, danza, teatro, música, fotografía… en todas las artes como dispositivos para imaginar posibilidades: hacia dónde podríamos ir como humanidad.


Luego, colectivamente, elegimos qué caminos tomar. Por eso me importa que los proyectos más que solo “decir” o “plantear” algo, produzcan desplazamientos: que muevan la imaginación, que permitan salir, aunque sea un poco, de los marcos habituales. Eso me interesa en este proyecto y, en general, en el arte.


—Si tuvieras que poner sobre la mesa una idea-faro, un escenario que el arte debería insistir en imaginar hoy, ¿cuál sería?


MRS: Pensarnos como un conjunto. Me preocupa la tendencia a organizar todo desde la lógica individual: esfuerzos, deseos, recompensas. A mí me interesa sostener preguntas que apunten a lo colectivo: cómo priorizar comunidad por encima de individualidad, cómo imaginar beneficios colectivos. No lo planteo como consigna cerrada, sino como una pregunta que aparece en mis procesos y se filtra en mis decisiones de trabajo. Para mí es importante mantenerla activa.


Coda


Si algo deja claro la conversación con Rodríguez Sepúlveda es que el desgaste, en su obra, funciona más que como una ornamento conceptual, como herramienta de conocimiento: insistir sobre un objeto hasta forzarlo a mostrar su estructura. Allí donde la función se cancela, aparecen los mecanismos; allí donde el emblema deja de operar por inercia, se vuelve legible su desgaste.


En ese sentido, el machete se vuelve un campo de fricción donde se cruzan historia pública, materialidad y cansancio social, como han señalado, desde ángulos distintos, Perea y de la Garza. El desplazamiento hacia el petróleo amplía el método: del objeto a la economía, del gesto a un territorio. La pregunta ya no es solo qué sucede con un símbolo cuando se erosiona, sino qué ocurre con una comunidad cuando el relato de riqueza se desgasta y deja al descubierto sus asimetrías.


Nota editorial


Este texto dialoga con lecturas críticas previas sobre la obra de Miguel Rodríguez Sepúlveda, en particular, textos curatoriales y ensayísticos publicados en distintos momentos, retomadas aquí como marco de contexto. La presente versión ha sido editada a partir de una conversación con el artista.


Viva México Cabrones, 2011, Vestigios de los machetes usados en la acción sonora Concierto Para Tres Machetes
Viva México Cabrones, 2011, Vestigios de los machetes usados en la acción sonora Concierto Para Tres Machetes

Referencias y antecedentes críticos (selección)

  • Amanda de la Garza, “Sobre los usos de un machete”, 2011, Hemispheric Institute / e-misférica.

  • Bárbara Perea, “Una historia de machetes”, 2011.

  • Arturo Jiménez, “El machete, icono ‘para un clamor de justicia’”, La Jornada, 23 de marzo de 2012.

  • Plinio Ávila, “Miguel Rodríguez Sepúlveda. Una historia de monedas y machetes”, 2012, Arte al Día México, ed. 5.4.

  • Irving Domínguez, “Exergo para Una historia de machetes”, 2023, catálogo Fuga y Entropía.

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