El machete, icono “para un clamor de justicia”. Arturo Jiménez.
- Miguel Rodriguez Sepulveda
- 23 mar 2012
- 4 min de lectura
Actualizado: hace 3 días
[English below]
El machete como centro, símbolo o pretexto para la reflexión en torno a la Revolución Mexicana –y en general a las protestas y movimientos sociales del país, como el de Atenco–, es lo que propone el artista Miguel Rodríguez Sepúlveda en su más reciente exposición, montada en el Ex Teresa Arte Actual.
Abierta al público para concluir el 29 de abril, la exposición Una historia de machetes consta de tres piezas: un video con las chispas del esmerilado persistente de tres de esas herramientas, su exhibición, ya deterioradas, y una escultura sonora con cien machetes colgantes.
La videoinstalación, a tres canales, se llama Concierto para tres machetes y sólo muestra los haces de luz del esmerilado, acción sonora que se llevó a cabo el 25 de noviembre del año pasado, también en el Ex Teresa.
Cada afilamiento siguió una partitura que traducía una palabra en clave Morse. Uno decía Viva, otro México y el tercero cabrones. Chirridos y luces que también referían a los fuegos de artificio de los festejos centenarios y bicentenarios de 2010.
La segunda pieza, los tres machetes ya deteriorados por el excesivo afilamiento, se llama precisamente ¡Viva México, cabrones! y busca que esas herramientas inutilizadas remitan al adormecimiento social.
La tercera es una escultura sonora, se llama Instrumento y consta de cien machetes colgados juntos de una estructura de metal con pequeños hilos, de modo que al ser movidos por el aire de un ventilador producen un sonido o golpeteo constante.
Mi trabajo lo he basado en los recientes ocho años en la ley que dice que la materia y la energía no se crean ni se destruyen, sino sólo se transforman, expresa en entrevista Rodríguez Sepúlveda, quien en 2007 talló monedas de oro y plata hasta borrar los símbolos ahí impresos.
Todo eso fue alrededor de los festejos del bicentenario de la Independencia, en torno a los ideales del proyecto de nación, cómo se ha trasformado el país y lo que hemos logrado en 200 años. El tallado era una metáfora, transformando las monedas en espejos de oro y plata.
Y el proyecto de los machetes continúa esa investigación, agrega, pero ahora con el tema de la Revolución Mexicana.
Tomo el machete como símbolo de herramienta del campo, pero también como un arma. Y afilarlo simboliza afinar la herramienta para el trabajo, pero también afinar el arma para tomar riendas en cualquier asunto, prepararse para un clamor de justicia.
Pero Rodríguez Sepúlveda llevó ese afilamiento hasta el absurdo de dejar esa herramienta y arma en la inutilidad.
Uso ese antes y ese después para repensar el proceso de los pasados 100 años, lo que hemos obtenido, también un poco escéptico de los movimientos sociales. No de lo que los mueve, sino de lo que se logra a pesar de las grandes manifestaciones.
O como escribe, contextualiza y sintetiza Bárbara Perea en una hoja obsequiada a los espectadores que deambulan por el recinto de Licenciado Verdad 8, Centro Histórico:
Los tan sonados y disonantes festejos bicentenarios, con sus monumentos a la corrupción y saldos rojos en el erario, tuvieron la contraparte en acciones y obras que señalaron el fracaso de México como proyecto de nación, a 200 años de su Independencia y a 100 de la Revolución.
Publicado en Periódico La Jornada Viernes 23 de marzo de 2012, p. 3 https://www.jornada.com.mx/2012/03/23/cultura/a03n1cul
The Machete, an Icon “for a Cry for Justice”Arturo Jiménez
The machete as center, symbol, or pretext for reflection on the Mexican Revolution—and, more broadly, on the country’s protests and social movements, such as Atenco—is what artist Miguel Rodríguez Sepúlveda proposes in his most recent exhibition, mounted at Ex Teresa Arte Actual.
Open to the public through April 29, the exhibition A Story of Machetes consists of three pieces: a video showing the sparks produced by the persistent grinding of three of these tools; the display of the tools themselves, now deteriorated; and a sound sculpture made with one hundred hanging machetes.
The three-channel video installation is titled Concert for Three Machetes and shows only the beams of light produced by the grinding, a sonic action carried out on November 25 of last year, also at Ex Teresa.
Each sharpening followed a score that translated a word into Morse code. One said Viva, another México, and the third cabrones. Screeches and lights that also referred to the fireworks of the centennial and bicentennial celebrations of 2010.
The second piece, the three machetes already deteriorated by excessive sharpening, is titled precisely ¡Viva México, cabrones! and seeks to have these rendered-useless tools evoke social numbness.
The third is a sound sculpture titled Instrument, consisting of one hundred machetes hung together from a metal structure with small threads, so that when moved by the air from a fan, they produce a constant sound or clatter.
“My work over the past eight years has been based on the law that states that matter and energy are neither created nor destroyed, but only transformed,” says Rodríguez Sepúlveda in an interview. In 2007, he rubbed gold and silver coins until the symbols printed on them disappeared.
“All of that took place around the celebrations of the Bicentennial of Independence, around the ideals of the national project, how the country has been transformed, and what we have achieved in 200 years. The rubbing was a metaphor, transforming the coins into gold and silver mirrors.”
“And the machete project continues that investigation,” he adds, “but now with the subject of the Mexican Revolution.”
“I take the machete as a symbol of a tool of the countryside, but also as a weapon. And sharpening it symbolizes fine-tuning the tool for labor, but also sharpening the weapon in order to take matters into one’s own hands, to prepare for a cry for justice.”
But Rodríguez Sepúlveda took that sharpening to the point of absurdity, leaving this tool and weapon useless.
“I use that before and after to rethink the process of the past 100 years, what we have obtained, also with a certain skepticism toward social movements. Not toward what moves them, but toward what is achieved despite large demonstrations.”
Or, as Bárbara Perea writes, contextualizes, and synthesizes in a handout given to viewers wandering through the venue at Licenciado Verdad 8, in the Historic Center:
“The much-discussed and dissonant Bicentennial celebrations, with their monuments to corruption and red balances in the public treasury, had their counterpart in actions and works that pointed to the failure of Mexico as a national project, 200 years after its Independence and 100 after the Revolution.”
Published in La Jornada Friday, March 23, 2012, p. 3 https://www.jornada.com.mx/2012/03/23/cultura/a03n1cul

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