El arte huérfano como posibilidad o por una tensión de los cuerpos. A propósito del trabajo reciente de Miguel Rodríguez Sepúlveda. Nelson Hernández

El arte huérfano como posibilidad o por una tensión de los cuerpos. A propósito del trabajo reciente de Miguel Rodríguez Sepúlveda.

Nelson Hernández

¿Por qué me interesa escribir esto?

Racionalmente, se explica:

Lo que escribo es en realidad algo similar a las notas que se hacen de un libro, como queriendo encontrar pistas de sus estrategias, para una producción artística en relación directa a un lugar de multibatallas como contexto social. En este caso, el libro es el trabajo de Miguel. Un otro trabajo, que no está o tardamos en encontrarlo, si empezamos buscando en el centro del arte.

Pero esa explicación no es, y es, pero no es la más importante, o más bien, no es la primera. Hay una sensación que me atrae a su trabajo, o me tensiona, de un gris duda que en realidad es un amarillo como punto intermedio entre los colores en Newton. Pues Miguel parte de Newton o algo así ha dicho en algún lugar. Pero ésta razón creo tampoco es primera.

Como haber intuido algo. Recuerdo la 1era ley, hay que aplicar fuerza sobre los cuerpos para que algo cambie. Que algo cambie en la relación actual de los cuerpos. O ¿cómo se conserva la materia, cómo se conserva la energía y como se transmite, de nuevo entre los cuerpos? Pienso que el trabajo de Miguel tiene que ver con la tensión de los cuerpos.

Tensión en los sentidos, en los discursos, en las formas, en el espectador. Tensión en los cuerpos.

Pero creo que no sólo es señalar la tensión. Hay otras dos estrategias que veo y siento en el trabajo, una vez habiéndolo visto y estudiado. Leyéndolo como un libro. Anotando sobre su margen. Y creo que la tensión entre los cuerpos se incrementa o se disuelve partir de dos estrategias más: la sutileza y la multiplicación. Quizá es la sutileza y la multiplicación sutil. Y eso lo intuye Miguel y no yo. O escribo que Miguel lo intuye. Pienso que Miguel lo entiende. La tensión, la sutileza y la multiplicación. Y la sutileza para la tensión. Es decir multiplicar la tensión a partir de sutileza y al mismo tiempo, neutralizar la posibilidad de los discursos unívocos mediante una plataforma sutil que permita la multiplicación de las ideas, las formas, los sentidos. Multiplicación en una plataforma sutil para generar tensión. Pero tensión. Parresía (1) y no dominación. Es decir que ninguna idea domina a la otra, sobresale de la otra, ningún discurso es mayor que el otro que también se presenta. Gestos sutiles, algo así se dice en el medio del arte.

(1) Parresía, que también es un título de una de las piezas de Miguel Rodríguez Sepúlveda, se refiere a un concepto que encuentra Foucault en la Biblia, que nos dice sobre los actos de valentía y verdad para romper una dominación o una opresión. Un acto de rebeldía o rompimiento de cadenas.

Intuiciones-saltos en el trabajo de Miguel:

«Preludio» o del otro vemos sólo sus gargajos: No habrá especificación o concentración de fuerzas, sino saltos. Nadie podrá decir, «de esta serie, es la pieza mejor lograda», o «por fin nos comunicó lo que todo este tiempo quería comunicarnos». Tan simple como que en la multiplicación no juega el mismo juego, sino que en la multiplicación cambia de discurso, no es un salto de enfoque hacia delante, es un salto hacia un lado, justo cuando pensábamos que algo nos estaba diciendo. Como el ejemplo de un artista que quiere comunicarnos una sensación de muerte, en su última pieza se dirá, «ah cada vez se acerca más a esa sensación de muerte». Eso no lo hay en el trabajo de Miguel. La especialización no se hará en la manera de progresión, como que cada vez se acerca más a su objetivo, sino en como esos saltos hacia un lado, se intuyen abduciendo y como consecuencia se realizan. Como con cada salto, nos dice otra cosa, con los mismos materiales, con los mismos recursos, se genera otro cuerpo que dice lo necesario como para neutralizar al cuerpo-discurso pasado y dejarlo en tensión. En palabras claras: En «Preludio», montado en sala, vemos 12 pantallas, cada una con 12 personas a cuadro, escupiendo hacia afuera del cuadro y recibiendo escupitajos también desde fuera de la pantalla. El otro no está, y esta pieza podrá representar algo, en específico, pero eso no es lo que me interesa. Lo que me interesa es si vemos el primer video de «Preludio», que está en la página del artista, veremos a Miguel siendo objeto de las escupidas de muchas personas, y él defendiéndose o atacando de la misma manera, todas las personas contra el artista. E independientemente de las 12 pantallas en la sala, en éste primer video se da una lectura completamente distinta del proyecto, no es que con las 12 pantallas se haya «acercado más a la idea que quería darnos a entender». Si no que con las 12 pantallas individualizantes (del otro vemos sólo sus gargajos), Miguel cambió el sentido totalmente. Y aún más cuando vemos que esas tomas se realizaron cuando Miguel convoca por redes sociales a un concurso de escupitajos, es decir, cuando vemos que el origen que tiene la pieza Preludio, se da en una competencia por ganar una cantidad de dinero, de ver quién soporta más ser escupido por alguien más en eliminatorias hasta conquistar el premio, entran otras muchas interpretaciones al trabajo, quizá las más rápidas y simplistas «lo que hace la gente por dinero», pero eso tampoco me interesa, sino como las 3 interpretaciones de estas 3 versiones de Preludio, pasan por lugares completamente distintos. Como en la multiplicación de Miguel no hay acercamiento sino dispersión en saltos. En lugar de acercarse más al discurso anterior, en una nueva pieza, vemos una modificación del discurso que deja a los tres piezas en tensión. Relacionadas pero completamente distintas. Y sobre del todo lo que más me interesa: ningún discurso queda por encima del otro o es tratado con mayor importancia que el otro. Parresía y no dominación.

Y entonces resulta difícil de digerir para los lugares de legitimación dentro de atlas del arte. Es decir que se hace casi imposible hacer un «statement del artista».  O un sólo statement del artista. Preguntarse una sola cosa, ¿no es en realidad estar muerto de parálisis? ¿Qué nos quiere decir Miguel? En el espectro del arte contemporáneo su obra se disuelve, quizá es muy opuesta a «el arte». O muy opuesta a lo que los centros del arte legitimado usualmente pueden percatar. Y entonces el olvido y la periferia, pero en positivo y como descodificación. No un sólo discurso dominante. Si el centro ejerce menos poder sobre una obra o cuerpo de trabajo, qué mejor.

Dar un solo mensaje es lo propio de la publicidad (y éste que escribe ha trabajado más de 10 años en publicidad) o como de «Juanito» a «La irresistible persistencia de la memoria» todo cambia:

La serie de dibujos «Juanito» se realizan con las cenizas del cuerpo de un amigo de Miguel, Juan Carlos Martinez Alvarado. Justo cuando podría pensar que Juanito era un gesto íntimo. Juanito era su amigo: Publica un anuncio en el periódico solicitando cenizas de muertos, para realizar las siguientes piezas. De lo íntimo, a lo completamente ajeno, a lo azaroso de lo completamente público. Ahí muy claramente, se encuentra la neutralización de los discursos con un cambio de sintaxis que genera sutileza y por ende más tensión entre los cuerpos. Además el ejercicio de ruptura con el trabajo anterior («Juanito») es doble: Los dibujos de «La irresistible persistencia de la memoria», son en su mayoría paisajes de Colombia, pero no lugares cualquiera, sino lugares donde los muertos producidos por un contexto social devastador, eran tirados y dejados a que el sol y la selva hicieran su trabajo. Se dice que en Colombia, no había el fenómeno de los pozoleros del narco mexicano, por que el clima era lo suficientemente rápido en la descomposición del cuerpo.

Neutralización sutil:

Todas las preguntas son importantes, todos los sentidos. Y para hacerlos salir a la luz a todos ellos, sólo es posible con sutileza. Sin dar estética, conceptual o formalmente una protagonización estelar a una sola interpretación.

La sutileza como estrategia de dar cabida a, como plataforma: ninguna pieza está tratada como una obra maestra, en el sentido aurático de las grandes obras maestras, y ningún discurso o indicio de discurso prevalece sobre otro. Ninguna idea sobre otra. Son todas al mismo tiempo. En tensión. Si un discurso comienza a parecer dominante, hay que neutralizarlo.

Llego a pensar que la progresión formal de algunos artistas especializados, en lugares legitimados dentro del medio del arte, nada tiene que ver con el contexto actual. Donde un sin fin de cosas están pasando. Donde hay un montón de cosas que preguntarse. Donde no hay otra cosa que un bombardeo de discursos y de ideas, un bombardeo de eventos, todo se está cayendo. En este estado, el enfocarse a una sola cosa, es completamente ajeno al mundo. Si nos enfocamos, claro está a una sola de las tareas políticas o discursivas, fracasaremos en esa y en todas las demás. Y al mismo tiempo, si ni los artistas, pueden esgrimir un discurso lo suficientemente amplio como para contemplar la mayor cantidad de sentidos posibles, ¿cómo esperamos que una crítica filosófica o política pueda darse en ese amplio sentido necesario? Pues no hay un sólo enemigo, pese a que la familia Walton posea la mayor concentración de capital en el mundo, ojo avisor, nos atacan desde todos los flancos.

De vuelta el mensaje publicitario: Los creativos de las agencias pelean porque la marca quiera decir un solo mensaje. Un solo mensaje facilita la venta. De vuelta al mercado del arte. ¿El arte es publicidad?

La duda puede ser una estrategia también, para evitar los discursos molde. Dudar entre muchos sentidos. No la certeza de una sola cosa. No la certeza de la afirmación unívoca. ¿La duda es tensión? No estar seguro del todo. Escribir antes de estar seguro del todo. Pensar sin una afirmación. Pensar en tensión. Afirmar la duda. Afirmar la duda entre las muchas interpretaciones, entre los muchos sentidos posibles. ¿Afirmar la duda es afirmar la multiplicidad? Es dar salida a las múltiples ideas. Espacios de duda, espacios de pregunta, quizá el quehacer del arte. ¿Qué nos quiere decir el artista?

Los alacranes («Parresía») tampoco inician gigantes en el piso de la galería con esa tensión que indudablemente hacen sentir a los que los miran. Sino en la frontera. En la exacta división entre México y Estados Unidos, en un evento que supondría la muerte de un alacrán dentro de un bote de vidrio por el cual entrarían hormigas a comérselo vivo. Metáforas todas, ahí el alacrán se suicida. El alacrán es el único ser que comparte nuestra acción por el suicidio, compartimos libre albedrío, en el momento último que no queremos pasar. Las hormigas nos comerán vivos. Metáforas todas: la frontera, la migración ilegal. Estados Unidos. Después esos alacranes fueron esculturas antes de llegar a ser video. Ahora bien, ¿no sucede lo mismo? ¿Cómo es que en lugar de profundizar conceptualmente, se da un salto que cambia toda interpretación del trabajo? El tríptico en la sala pasa por un proceso similar o analógico: los cigarros eran un video que se interpretaba de otra manera fuera de esa triada conjunto. No hay obra cumbre en el sentido de por fin Miguel le atinó. Más bien, todas pequeñas, sutiles y tensionantes preguntas que van cambiando de sentido. La única manera de desmantelar el un solo sentido, es hacer todo el trabajo, pequeño y sutil. De no ser así, estaríamos hablando de como prevalece el sentido magnánimo de la obra. El sentido dictatorial del uno solo. El aura. El concierto de machetes, con toda su multiplicación de pequeños otros soportes, ¿cuántos sentidos tiene? En el trabajo con las monedas de plata, ¿cuántos discursos quiere poner Miguel en juego? En juego, es decir en tensión.

¿La tensión es musical? La música la escuchas con el oído, pero en realidad, la sientes en el pecho. Te afecta. Te toca el bajo el cuerpo. Lo sientes. Como sientes el impacto al ver los alacranes en el piso. Ves el video y lo sientes en el cuerpo. La tensión como afectación musical de los cuerpos. Vibración. Entre todos los cuerpos, incluidos los espectadores. Y para entenderlo claro: «Resplandor». Todos los cuerpos y su distancia entre ellos, es lo que genera la luz que existe en la sala. Es decir es lo que genera la tensión. Se traduce a un trabajo simple para ejemplificar que los cuerpos y lo que pasa entre ellos y a través de ellos es lo que interesa a Miguel. Tanto más fácil comprenderlo que en «Lengua», un diccionario de la RAE donde se borran con liquid papper las palabras que no tienen que ver con el cuerpo. Pero no se queda sólo en eso, «Lengua» será pronto otra cosa. Un audio, un mapa conceptual. Un mapa, es decir una distribución de los cuerpos en ejes. Separación y tensión.

Me gustaría establecer la idea de que el trabajo de Miguel tiene que ver con ejercicios de no dominación, de un solo sentido. Los cuerpos están ahí. Conviven. Ninguno domina al otro. Por eso la tensión. La sutileza y la multiplicación.

Tanto más sutil cuanto más múltiple, tanto más múltiple, cuanta más tensión se genera. Y en todos los casos es viceversa. Todo está conectado. Tanto más huérfano. La tensión, la sutileza, la multiplicidad de discursos, algo pueden tener que ver con una orfandad positiva, por llamarlo de alguna manera. Pensaba en la idea de la orfandad como una producción que no estuviera ligado a los discursos paternalistas del arte, o de los centros del arte. Una idea de periferia total. En el sentido de que los centros como tal no existen y uno decide crearse los padres, pero en realidad todos somos huérfanos. Huérfanos de sentido. Algunos deciden no crearse padres y vivir en la realidad. Pero no es tan simple, nunca es tan simple como no querer. Hay que, como en la primera ley de newton, ejercer una fuerza para que los cuerpos cambien de estado. Y esta fuerza creo que es lo que ha intuido Miguel. Una fuerza de neutralización sutil.

Author: mrs

Share This Post On